
AVISO: Cualquier parecido de esta cuento con la realidad es pura coincidencia, esta historia no es real y tan solo es fruto de mi estado de embriaguez.
Flavia de la Asunción María, la cueva chacinera y la venta de sus vacas.
Hace mucho mucho tiempo, en el lejano pueblecito de Postigo, vivían un puñado de gnomos bajo el reinado de la lideresa Flavia de la Asunción María.
Flavia de la Asunción María tenía un buen puñado de vacas, y quería venderlas pues ya no le daban las fuerzas para seguir estrujándoles las tetas, por ello reunió a su comité de sabios y les expuso el problema.
Tras pensar y pensar se les ocurrió un plan perfecto, todo Postigo compraría una vieja cueva para realizar una cueva chacinera (por todos es conocido lo que le gustan los chorizos a los gnomos), donde se invertiría más dinero y luego se cobraría a los visitantes de Postigo por visitarla. Pero la cueva se compraría por el doble de su valor real, lo que supondrían un total de 40 millones de bellotas, un precio desorbitado para la vieja cueva que según los gnomos tasadores alcanzaría el valor real de 20 millones de bellotas.
Así, el comité de sabios saco todas las bellotas de sus almacenes y como no tenía suficientes pidió bellotas a los prestamistas hasta que reunió sus 40 millones.
Una vez comprada la cueva por 40 millones de bellotas, casualmente Flavia de la Asunción María vendió sus vacas por bastantes bellotas, casualmente el gnomo que se las compró era participe de la compra de la cueva chacinera que el comité de sabios con dinero de todo Postigo compró por el doble de bellotas que valía realmente ¿lo cogen?.
La historia después continúa y vienen los problemas de los pobres Gnomos de Postigo para devolver todas esas bellotas a los prestamistas, y de cómo se reducen las calidades y cantidades de comida en la residencia de gnomos mayores por orden de Flavia de la Asunción María. En fin que comienza una decadencia de Postigo hasta que desaparece por completo.
Moraleja: Si tus vacas quieres vender, a tu pueblo has de joder.
Y colorín colorado este cuento no se ha acabado, aunque la próxima vez que lo contemos será más divertido todavía. Por cierto, ¿os habéis fijado que jeta tenían los gnomos? Menos mal que los humanos no somos así.











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